Ahora un grupo de investigadores ha descubierto que en los pacientes que se utilizó una terapia celular combinada con el tratamiento tradicional de elevación del hueso maxilar, dio como resultado un 42% más de formación ósea frente a los que no se les aplicó dicha terapia.

Para llevar a cabo el estudio establecieron a 6 de los 10 pacientes como grupo de control a los que se les aplicó en un lado de la boca el procedimiento tradicional (con soportes óseos de fosfato de calcio) y en el otro la combinación de estos junto con las células regenerativas derivadas del tejido adiposo (ADRC). Además de comprobar que en los injertos con células se logró un 42% más de hueso, también observaron que en los pacientes a los que se las había aplicado un injerto normal y otro con células, en ambos se visualizó un aumento del volumen del hueso que permitía poner los implantes de forma satisfactoria.

Por otro lado el análisis mostró que en 7 de las 10 biopsias se produjo una mayor formación ósea activa en el lado craneal tratado con ADRC mientras que solo se observó este fenómeno en una de las biopsias del lado de control.

Según los datos de la Academia de Odontología Americana alrededor de 500.000 pacientes se someten a cirugías de implantes dentales cada año, y este descubrimiento podría mejorar notablemente la efectividad del proceso. Los investigadores hicieron un plan de seguimiento a los pacientes del ensayo durante tres o más años para comprobar si existía algún efecto adverso a lo largo del tiempo o durante el tratamiento, pero no se detectó ningún problema.

¿Qué es un implante dental?

Un implante dental es el reemplazo artificial de un diente que se ha perdido por diversas causas, simula su misma estructura y funcionalidad pero con diferentes materiales, generalmente titanio. El implante consta de 3 partes: el implante como tal, que es la parte que se inserta en el hueso, el conector que une el implante a la corona y esta última, que es la parte visible en la boca.